Una de las pocas y más efectivas maneras de llegar al desarrollo, de construir una sociedad mejor y de contar con ciudadanos más responsables y capaces de innovar es a través de la educación de los mismos. Este planteamiento no conforma algo novedoso, pero al parecer es realmente difícil ponerlo en práctica.
Es inconcebible que nuestro país no sea capaz por ejemplo de fabricar productos terminados en base a sus materias primas, si bien esto involucra altos costos de inversión en tecnología y capacitación, el nivel, experiencia y formación de los profesionales involucrados juega un rol preponderante al momento poner en práctica el concepto de innovación, muy carente en la actualidad, ya que estamos más apegados a la tecnocracia que al saber hacer y poner en práctica.
En este sentido las instituciones de educación superior chilenas, en conjunto con el estado, tienen la no menor responsabilidad de crear sinergias entre las distintas áreas del conocimiento que conviven en las Universidades, muy opuesto al aislamiento intelectual existente hoy en nuestras facutades. Si a esto le adicionamos oportunidades transversales de ingreso a la educación y continuidad en la actualización de los conocimientos, lo más probable es que tendremos lo que tanto añoramos, Un Chile Mejor.






