Hay que establecer reformas a la aplicación de la Justicia y endurecer las penas a los delincuentes, que en la actualidad tienen muchas más garantías que cualquier otra persona.
Acabando con el tráfico de pasta base, los asaltos, los robos a mano armada, los lanzazos, los cuchilleos, las pandillas, los violadores, los estafadores, los robos hormiga, la prostitución en plena calle, los alunizajes, los robos de cajeros automáticos, las bandas de adictos al neoprén y los combustibles que viven en el Mapocho, los politicos corruptos, los desfalcos a instituciones públicas y una cantidad de delitos que nos tienen a todos los chilenos inseguros, viviendo enrejados en nuestras casas y con un sentimiento de desconfianza hasta del vecino.
Sólo así tendríamos un Chile mejor. Antes no.






